• Ética,  Futuro

    LA SANIDAD DIGITAL Y EL “PEAJE” INVISIBLE

    La salud digital suele presentarse como un avance indiscutible: más coordinación, más rapidez, más comodidad. Y, sin duda, puede aportar beneficios reales. Pero el problema aparece cuando el discurso se queda en la superficie y oculta el incentivo más determinante: el ahorro institucional. Cuando la digitalización reduce costes, acelera procesos y simplifica la gestión, la tentación de convertir la participación en “casi obligatoria” crece, aunque se mantenga el lenguaje amable de “servicio al paciente”.

    Ahí nace una arquitectura de dependencia. No surge sola: se diseña. La interoperabilidad integra historias clínicas, telemedicina, facturación, dispositivos y plataformas en un ecosistema monolítico. Salirse de una pieza implica quedar desconectado del todo. Y cuando además actúan los efectos de red —la plataforma vale más cuanto más gente está dentro— el no participante comienza a sufrir fricciones: retrasos, incompatibilidades, burocracia adicional. La opción “analógica” se vuelve posible en teoría, pero costosa en la práctica.

    El riesgo para el ODS3 no es la tecnología, sino su deriva: que el cuidado se convierta en adhesión y la atención sanitaria en un sistema donde el acceso “fluido” depende de aceptar condiciones que erosionan privacidad y autonomía. La pregunta crítica no es si digitalizar, sino qué límites, qué alternativas y qué derecho real a decir “no” se preservan cuando el ahorro y la eficiencia empujan hacia la obligatoriedad de hecho.

  • Futuro,  PensamientoCritico

    PENSAMIENTO CRÍTICO Y CONSENTIMIENTO: DEL “PACIENTE OBEDIENTE” AL CIUDADANO COMPETENTE

    La competencia para consentir no es un interruptor: no se tiene o no se tiene. Es un continuo que cambia con el tipo de decisión, el estado emocional, el dolor, la medicación o el estrés. Sin embargo, en la práctica se aplica un criterio inquietante: se examina más la competencia cuando el paciente rechaza lo recomendado que cuando acepta dócilmente. Ahí reaparece un paternalismo sutil: la autonomía se respeta mientras sea “razonable”, es decir, mientras coincida con la recomendación experta.

    Este problema se vuelve aún más complejo con menores de edad y con conflictos entre valores: razones religiosas, culturales o concepciones distintas de bienestar. La medicina tiende a priorizar la preservación de la vida biológica como valor supremo, y eso puede chocar con otras jerarquías legítimas de sentido. La pregunta crítica no es si la medicina debe “ceder siempre”, sino si el sistema reconoce de verdad que existen valores —no solo datos— en juego, y que el consentimiento auténtico exige respeto por esa dimensión.

    Por eso el consentimiento informado no es solo una cuestión de información técnica: es una cuestión de capacidades. Identificar supuestos implícitos, evaluar la calidad de la evidencia, detectar sesgos y conflictos de interés, tolerar incertidumbre sin caer en credulidad ni rechazo dogmático, y articular valores propios. Un sistema que se tomara en serio el ODS3 facilitaría segundas opiniones, daría tiempo y apoyo para comprender, y aceptaría como legítimas decisiones divergentes. Si no lo hace, el consentimiento corre el riesgo de ser un ritual: un “sí” formal que encubre una renuncia práctica a decidir.

  • Futuro,  Libertad

    LA FICCIÓN DEL “CONSENTIMIENTO INFORMADO” EN TIEMPOS DE PRISA E INCERTIDUMBRE

    Para que el consentimiento sea informado, el paciente debería comprender naturaleza del procedimiento, riesgos y beneficios, alternativas (incluida la de no hacer nada) y consecuencias previsibles. Sin embargo, el consentimiento se pide a menudo en el peor momento: con dolor, ansiedad, miedo o fatiga. En ese contexto, la mente busca señales de calma más que comprensión profunda, y la autoridad del profesional pesa más de lo que quisiéramos admitir. No es culpa del paciente: es una condición humana.

    A esto se suma una asimetría inevitable. El profesional no solo sabe más; también decide qué simplificar, qué enfatizar y qué omitir. Esa “traducción” no es neutral: está atravesada por prioridades, hábitos de práctica, marcos institucionales y, a veces, por el deseo legítimo de tranquilizar. Pero tranquilizar no siempre equivale a informar. Un “90% de éxito” puede sonar contundente y, sin embargo, ocultar qué se entiende por éxito, en qué población se midió, qué efectos secundarios se consideran aceptables o cuánto varía la respuesta en casos singulares.

    El resultado es una paradoja: el consentimiento se exige como garantía de autonomía justo cuando la autonomía es más vulnerable. Si queremos que el ODS3 no se reduzca a indicadores, necesitamos recuperar el consentimiento como un acto con densidad humana: tiempo real de deliberación, lenguaje llano, exposición honesta de incertidumbres y un espacio donde el paciente pueda preguntar sin sentir que estorba.

  • Futuro,  Libertad

    CONSENTIR NO ES FIRMAR: EL CONSENTIMIENTO COMO PROCESO, NO COMO TRÁMITE

    El consentimiento informado se define con cuatro requisitos —libre, específico, informado e inequívoco— y, sobre el papel, parece una garantía sólida de autonomía. Pero en la práctica sanitaria contemporánea, muchas veces se degrada a un gesto administrativo: un formulario, una casilla, una firma. Y cuando el consentimiento se vuelve rutina burocrática, deja de ser un acto humano de deliberación para convertirse en un salvoconducto institucional.

    La clave está en entender que “libre” no significa únicamente “sin amenaza directa”. La coerción también puede ser estructural: elegir entre un tratamiento económicamente ruinoso o el empeoramiento de la salud no es una elección auténtica, aunque nadie presione con palabras. De igual modo, “específico” e “informado” se vuelven frágiles cuando la complejidad técnica obliga a simplificar, cuando la jerga sustituye a la comprensión real o cuando la incertidumbre se presenta con un barniz de certeza que tranquiliza, pero no ilumina.

    Si el ODS3 habla de salud y bienestar, conviene defender una idea fuerte: sin consentimiento genuino no hay cuidado, hay gestión. Y el cuidado empieza cuando el sistema acepta que la autonomía no se “cumple” con una firma, sino que se cultiva con tiempo, claridad, posibilidad real de alternativas y respeto a valores personales que no siempre coinciden con la lógica de maximización de resultados clínicos.

  • Futuro

    DEL JUICIO CLÍNICO AL PROTOCOLO AUTOMÁTICO: LA MEDICINA COMO EJECUCIÓN

    La medicina no es sólo cálculo; es deliberación, contexto, prudencia, escucha. Históricamente, el médico integra datos clínicos con circunstancias singulares: historia personal, entorno, preferencias, factores psicológicos, intuiciones prudentes. Cuando la decisión se subordina a un sistema automatizado, esa riqueza se reduce a variables procesables. Y lo que se gana en eficiencia puede pagarse con una pérdida silenciosa: la capacidad humana de discernir lo que no cabe en una tabla.

    La presión institucional refuerza el desplazamiento: si el algoritmo recomienda una intervención y el profesional la cuestiona, puede temer consecuencias legales, reproches por desviarse del “estándar” o simplemente la autoridad epistémica atribuida al modelo (“la máquina lo sabe mejor”). Así, profesiones de cuidado corren el riesgo de transformarse en funciones de implementación: menos empatía y menos discreción, más cumplimiento. En lugar de acompañar personas, se gestionan casos; en lugar de tratar pacientes, se optimizan poblaciones. En este marco, la “presunción de enfermedad potencial” se vuelve arquitectura de gobierno: clasificaciones continuas que condicionan oportunidades y libertades “por tu bien”, basadas en futuros probabilísticos. Es un totalitarismo blando porque no necesita prohibir explícitamente: basta con distribuir ventajas y restricciones según perfiles de riesgo, siempre con lenguaje sanitario.

    Por eso, es inconcebible defender el ODS3 de la Agenda 2030 sin una vigilancia ética adicional: la salud es un bien, pero también puede ser un pretexto. Y la línea roja es nítida: una prevención que no respeta autonomía, explicabilidad y límites acaba siendo control. Todos elementos que la Agenda 2030 parece obviar…

  • Futuro,  Sesgos

    SESGOS “OBJETIVOS”: CUANDO EL ALGORITMO DISCRIMINA SIN DECIR TU NOMBRE

    Uno de los riesgos más delicados de los algoritmos de salud no es que fallen, sino que acierten “según sus datos” reproduciendo injusticias antiguas con apariencia científica. Los modelos se entrenan con historiales que ya contienen desigualdades: accesos distintos a tratamientos, diagnósticos tardíos, sesgos profesionales, diferencias socioeconómicas. El resultado es una predicción que no describe sólo biología, sino también la huella social del pasado. Y lo hace con una máscara poderosa: la objetividad matemática.

    El problema se agrava cuando el sistema usa indicadores indirectos —proxies— que parecen neutrales, pero codifican discriminación. Si se utiliza el coste sanitario como señal de “necesidad”, quienes recibieron menos atención por barreras estructurales pueden aparecer como “más sanos” en los datos. De ese modo, el algoritmo puede asignar menos recursos precisamente a quienes más los necesitan, sin mencionar jamás variables sensibles. Es una discriminación sin culpable claro: la decisión se diluye entre diseñadores, proveedores de datos y gestores, y el ciudadano queda frente a un veredicto estadístico difícil de impugnar.

    Aquí la “presunción de inocencia médica” se erosiona por dos vías: primero, porque todos pasan a ser sospechosos de enfermar; segundo, porque algunos quedan sospechosos por pertenecer a entornos vulnerables que el sistema interpreta como riesgo. Se invierte la lógica de la protección social: la vulnerabilidad deja de ser razón para cuidar y se convierte en razón para vigilar, penalizar o restringir. Si el ODS3 busca equidad sanitaria, el criterio crítico es claro: sin transparencia, auditoría y derecho efectivo de apelación, la salud algorítmica puede convertirse en una fábrica automática de desigualdad legitimada.

  • Futuro

    WEARABLES Y LA NUEVA OBLIGACIÓN DE “PROBAR” QUE ESTÁS BIEN

    Los dispositivos de monitorización prometen salud: pasos, sueño, frecuencia cardíaca, variabilidad, estrés, hábitos… En sí mismos, pueden ser herramientas útiles. El problema aparece cuando, sin decirlo abiertamente, pasan de ser opción a convertirse en lenguaje obligatorio para acreditar normalidad. Ya no basta con no tener síntomas o con sentirse bien: ahora la salud se traduce en producción constante de datos que confirmen adhesión a parámetros “óptimos” definidos algorítmicamente.

    Este giro instala una asimetría radical. Las instituciones acceden a modelos opacos y a millones de datos agregados; el individuo, en cambio, rara vez comprende cómo se calcula su riesgo, qué variables pesan más o cómo corregir un error de clasificación. Si el sistema etiqueta a alguien como “alto riesgo”, su experiencia subjetiva —“me encuentro bien”— pierde autoridad frente a un número que se presenta como conocimiento superior. Y lo decisivo es que ese número puede condicionar primas de seguros, acceso a servicios, recomendaciones clínicas, e incluso oportunidades laborales, aunque se base en correlaciones imperfectas o sesgadas.

    Así, lo que nace como prevención puede evolucionar hacia un régimen de autocontrol: el cuerpo se convierte en interfaz de cumplimiento y el ciudadano aprende que conviene comportarse como alguien “de bajo riesgo”. El ODS3 pretende proteger la salud; pero si la protección se transforma en un sistema de clasificación permanente, el bienestar puede acabar confundido con conformidad. Y entonces la pregunta ética cambia de forma: ¿estamos mejorando la salud o estamos gestionando poblaciones según perfiles, con incentivos y castigos invisibles?

  • Futuro,  PensamientoCritico

    CUANDO ESTAR SANO DEJA DE SER EL PUNTO DE PARTIDA

    Durante décadas, la relación entre el sistema sanitario y el individuo se sostuvo sobre una intuición tan simple como protectora: uno está sano hasta que haya indicios clínicos razonables que demuestren lo contrario. Esa “presunción de inocencia médica” evitaba que la medicina se convirtiera en una caza de posibilidades: primero venían los síntomas, los hallazgos verificables y el diagnóstico; después, si procedía, la intervención. La carga de probar la enfermedad recaía en procedimientos médicos concretos, no en el ciudadano, que no debía “justificar” su salud.

    La medicina predictiva algorítmica rompe ese orden. En el nuevo paradigma, todos somos potencialmente enfermos, no por lo que vivimos hoy, sino por lo que un modelo estima que podríamos vivir mañana. La salud deja de ser un estado por defecto y pasa a convertirse en una condición que se demuestra: mediante datos corporales, genómicos, conductuales y sociales que alimentan clasificaciones de riesgo. La vida cotidiana —caminar, dormir, comer, trabajar— se traduce en señales; y esas señales pueden reclasificarte en cualquier momento.

    El cambio parece sutil, pero reconfigura la ciudadanía sanitaria: si el “sano” necesita acreditación permanente, la prevención puede convertirse en obligación y la prudencia en vigilancia. En nombre del ODS3 (salud y bienestar) podemos terminar aceptando una cultura donde el cuerpo se vive como expediente: siempre bajo sospecha, siempre a la espera de una alerta estadística. Y cuando la normalidad depende de un algoritmo, la pregunta crítica es inevitable: ¿quién decide qué cuenta como normal y qué precio pagamos por vivir según esa norma?

  • PensamientoCritico

    IMPLICACIONES RETÓRICAS Y EPISTÉMICAS DEL MODELO DE TOULMIN (9de9)

    Desde una perspectiva retórica, el modelo de Toulmin permite comprender por qué un argumento resulta convincente para una audiencia determinada: no solo por la validez lógica de sus pasos, sino por la credibilidad del emisor, la pertinencia de las evidencias y la coherencia de las garantías. Desde una perspectiva epistémica, ofrece un marco flexible para analizar la estructura del conocimiento argumentado, especialmente en contextos como el discurso científico, el ensayo académico o la deliberación pública.

    En el terreno educativo, la aplicación del modelo de Toulmin ha mostrado ser particularmente útil para enseñar escritura argumentativa, pues ayuda a los estudiantes a distinguir entre los distintos niveles de soporte y justificación de una idea. Asimismo, promueve una actitud crítica, al visibilizar los supuestos implícitos y las posibles refutaciones que toda tesis debe contemplar para sostenerse racionalmente. En definitiva, el modelo argumentativo de Toulmin complementa la lógica de la argumentación inductiva al ofrecer un esquema dinámico y contextualizado de cómo se construye la inferencia en el discurso. Mientras la inducción describe el movimiento desde lo particular hacia lo general, el modelo de Toulmin muestra la arquitectura interna de ese movimiento, especificando las conexiones que lo hacen razonable. Así, argumentar no significa únicamente acumular evidencias, sino organizar la justificación de una conclusión en función de su credibilidad, su respaldo y su apertura a la crítica.

  • PensamientoCritico

    RACIONALIDAD CONTEXTUAL Y RAZONAMIENTO PRÁCTICO (8de9)

    El aporte más profundo de Toulmin no radica únicamente en la descripción de estos componentes, sino en su concepción de la racionalidad como práctica situada. Mientras la lógica formal exige verdades universales y atemporales, la lógica de Toulmin se funda en criterios de justificación dependientes del campo: lo que constituye una buena evidencia en biología puede no serlo en derecho o en ética.

    Cada disciplina -cada field of argument– posee sus propias normas de validación, lo cual implica que la solidez de un argumento no depende de una estructura rígida, sino de la adecuación entre sus elementos y el contexto discursivo en el que se enuncia. Esta concepción encaja de manera natural con el razonamiento inductivo, que no pretende demostrar conclusiones necesarias, sino construir convicciones plausibles. En este sentido, el modelo de Toulmin dota a la argumentación inductiva de una arquitectura interna: muestra cómo se pasa de la evidencia a la conclusión mediante un sistema de garantías y respaldos que sostienen la legitimidad del paso inferencial. Así, el proceso argumentativo se revela no como una simple suma de datos, sino como una cadena de justificaciones que conecta observaciones empíricas, principios generales y conclusiones plausibles.

  • PensamientoCritico

    EL MODELO ARGUMENTATIVO DE TOULMIN: ESTRUCTURA Y RACIONALIDAD PRÁCTICA (7de9)

    Si la argumentación inductiva se orienta a construir conclusiones razonables a partir de evidencias particulares, el modelo argumentativo de Stephen Toulmin (1958) ofrece una forma concreta de comprender cómo se articula esa racionalidad en el discurso.

    Toulmin, filósofo británico formado en la tradición analítica pero profundamente crítico de su rigidez formal, propuso un modelo de argumentación que buscaba superar los límites de la lógica deductiva tradicional, demasiado abstracta para describir la forma real en que las personas argumentan en contextos cotidianos, científicos o jurídicos.

    En su obra fundamental, The Uses of Argument, Toulmin sostiene que los razonamientos humanos no se rigen por las leyes universales de la lógica formal, sino por criterios de razonabilidad contextual. Es decir, los argumentos son válidos o convincentes no porque sigan un esquema lógico cerrado, sino porque se sostienen en datos, garantías y respaldos que el auditorio puede aceptar como justificados en una situación concreta. De este modo, la racionalidad argumentativa deja de ser un sistema abstracto de deducciones y se convierte en un proceso práctico, situado en un contexto comunicativo y cultural.

    El modelo de Toulmin se estructura en seis elementos que explican el funcionamiento interno de un argumento; te invito a leer el DG FOCUS publicado sobre este tema.

  • PensamientoCritico

    LA NATURALEZA INFERENCIAL DE LA ARGUMENTACIÓN INDUCTIVA (6de9)

    La argumentación inductiva parte de la observación de hechos, ejemplos o evidencias particulares para construir, a partir de ellos, una conclusión general o una afirmación de validez probable. Este tipo de razonamiento se diferencia de la deducción en que no busca establecer una verdad necesaria, sino una verdad razonable, apoyada en la acumulación y el análisis de casos concretos. El valor de la inducción no radica únicamente en la cantidad de evidencias, sino en la pertinencia y coherencia con que estas se interpretan y articulan dentro del discurso. Así, el proceso inductivo se convierte en una estrategia argumentativa que permite al autor o al orador construir credibilidad ante su audiencia al mostrar un recorrido lógico desde lo empírico hacia lo conceptual.

    Sin embargo, la relación entre aserción y conclusión no siempre resulta convincente ni automática. No basta con enunciar una afirmación para que esta sea aceptada como consecuencia legítima de las premisas. De ahí la importancia de precisar los términos, pues en el ámbito retórico y filosófico la conclusión se entiende, siguiendo la definición del Diccionario de la Lengua Española, como una “proposición que se pretende probar y que se deduce de las premisas”. Esta definición refleja la tradición racionalista de la argumentación, donde la conclusión no es un simple cierre discursivo, sino el resultado de un proceso de inferencia que debe ser lógico, justificado y comprensible.

    En consecuencia, la argumentación inductiva no se limita a describir hechos ni a enumerar evidencias: exige interpretarlas críticamente y vincularlas con una tesis general que emerja de manera coherente del conjunto de observaciones. Solo así la conclusión puede presentarse no como una mera opinión, sino como una síntesis razonada, fruto de un proceso de análisis que aspira a la persuasión racional del lector o del oyente.

  • PensamientoCritico

    DEBILIDADES FRECUENTES EN LA ARGUMENTACIÓN (5de9)

    Mi experiencia como investigador independiente me ha permitido advertir un conjunto de carencias recurrentes en las exposiciones públicas que se pueden relacionar con el vasto universo del pensamiento crítico, especialmente en lo que respecta a la exposición de la argumentación subyacente. Con frecuencia, los textos y discursos que he analizado presentan errores que dificultan la comprensión y la fuerza persuasiva del trabajo.

    Entre las deficiencias más comunes destacan: la ausencia de una tesis clara, entendida como el punto de vista o afirmación central que se defiende ante una audiencia, la tendencia a sobregeneralizar y así debilitar la precisión y la capacidad demostrativa, una escasa actitud crítica frente a los referentes teóricos (utilizados a menudo sin análisis ni adaptación al contexto concreto de la investigación), el uso excesivo de fuentes secundarias (es decir, de referencias indirectas obtenidas a través de otros autores) lo que genera distancia respecto a las fuentes originales, la falta de coherencia entre los datos presentados en el cuerpo del trabajo y las conclusiones que se formulan.

    Estas fallas se pueden detectar en escritos cultos y académicos, lo cual contribuye a erosionar la credibilidad de los mismos, generando un texto con poca densidad conceptual y limitada capacidad de convicción. Pero, y de forma no casual, se encuentra con siempre mayor frecuencia en ámbitos más generales, en los que los receptores de las informaciones y teorías no son personas adecuadamente formadas.

    Dicho de otra forma, engañar a un buen profesional en temas que atañen a su campo de trabajo, su expertise, es mucho más complicado que hacer lo mismo en un campo que él no domina. En el caso de la manipulación esta falta de conocimiento es precisamente la vulnerabilidad que se intenta explotar, y el éxito está asegurado más aún si no hemos asumido como definitoria una actitud crítica.

    Que no quiere decir “ir en contra de todo”, eso lo hacen los débiles de pensamiento, sino reflexionar y argumentar a partir de datos, en la medida de lo posible, objetivos.

    En última instancia, lo que se pone en evidencia es una comprensión insuficiente de los fundamentos teóricos y empíricos que sostienen los argumentos. Cuando esto ocurre, el documento pierde precisión, coherencia interna y autoridad intelectual. Corregir estas debilidades requiere un trabajo consciente de revisión argumentativa, en el cual el investigador, pero también el ciudadano de a pié, no solo organice datos o cite fuentes, sino que construya un hilo racional que guíe al lector a través de la evidencia hasta una conclusión legítima y bien fundamentada.

  • PensamientoCritico

    COMPETENCIA ARGUMENTATIVA Y SU PAPEL EN LA VIDA SOCIAL Y ACADÉMICA (4de9)

    Por su naturaleza transversal, la competencia argumentativa es un componente esencial de la interacción humana. Mercedes Rodríguez Bello, autora venezolana especializada en lingüística, análisis del discurso y didáctica de la escritura académica, la define como la capacidad de producir argumentos sustentados en el ethos (autoridad moral y credibilidad del emisor), el logos (coherencia racional del discurso) y el pathos (dimensión emocional del mensaje).

    Estas tres dimensiones, lejos de ser excluyentes, conforman una triada que sostiene la eficacia persuasiva y comunicativa de todo acto argumentativo. En todas las culturas, la habilidad para argumentar se asocia con el liderazgo, la influencia y la capacidad de resolver conflictos, pero ha sido en Occidente donde ha alcanzado un desarrollo particular, vinculado al ejercicio de la ciudadanía, la política deliberativa y el pensamiento científico. Saber argumentar bien no solo favorece el éxito en el ámbito político o profesional, sino que también fortalece los lazos comunitarios y familiares, al promover el diálogo y la toma de decisiones racionales.

    En los contextos académicos, donde el conocimiento se preserva, genera y transmite a través de la escritura, la argumentación lógica constituye una condición intrínseca del discurso. Un texto sin una estructura argumentativa sólida carece de dirección y profundidad. En cambio, una argumentación bien construida otorga solidez epistémica al escrito y prestigio intelectual a su autor, pues revela dominio conceptual, claridad expositiva y sentido crítico. Así, la competencia argumentativa no solo se evalúa en función de la forma, sino también de la calidad ética y cognitiva del proceso de pensamiento que la sustenta.

  • PensamientoCritico

    RAZONAMIENTO, INDUCCIÓN Y LA HERENCIA ARISTOTÉLICA (3de9)

    Argumentar es, en última instancia, razonar de manera estructurada. Desde la Antigüedad, Aristóteles identificó que la argumentación no se limita a la deducción formal propia de la lógica silogística, sino que también opera en el terreno de lo probable, lo verosímil y lo opinable.

    En su Retórica, describió el entimema como la forma más característica del razonamiento argumentativo: una inferencia que parte de premisas implícitas o compartidas por la comunidad y conduce a conclusiones plausibles, no necesarias. Esta modalidad inductiva permite derivar generalizaciones a partir de ejemplos particulares y otorga flexibilidad a los discursos persuasivos, que no buscan verdades absolutas sino convicciones razonadas.

    En la actualidad, la lógica argumentativa continúa valorándose en función de criterios como la coherencia interna, la adecuación al contexto y la relevancia de las pruebas ofrecidas. A diferencia de la lógica formal, cuyo propósito es garantizar la validez, la lógica retórica persigue la aceptabilidad del razonamiento ante un auditorio determinado. De este modo, la argumentación se convierte en un puente entre la razón y la comunicación, entre el pensamiento riguroso y la vida social, porque vincula la estructura del discurso con la confianza, la credibilidad y la emoción del hablante o escritor.

  • PensamientoCritico

    LA METÁFORA DE LA GUERRA Y EL COMPONENTE CULTURAL DE LA ARGUMENTACIÓN (2de9)

    A lo largo de la tradición occidental, la argumentación se ha concebido frecuentemente como un acto de confrontación verbal. Esta visión la asocia con la lucha, la oposición de ideas y la defensa de una postura frente a otra. De ahí que Lakoff y Johnson, que en su obra Metáforas de la vida cotidiana argumentan que la metáfora no es solo un recurso literario, sino una forma básica de pensamiento., propusieran la célebre metáfora de la “guerra” para describirla: los participantes en una discusión no simplemente dialogan, sino que combaten en un terreno simbólico donde se ganan o se pierden argumentos, se atacan posiciones y se defienden tesis.

    La terminología que utilizamos en las conversaciones cotidianas refleja esta mentalidad: hablamos de “estrategias”, “puntos débiles”, “líneas de ataque” o “rendiciones argumentativas”. Esta retórica bélica revela una concepción profundamente arraigada en la cultura occidental, heredera de los griegos, para quienes la dialéctica era también un ejercicio de lucha intelectual destinado a desenmascarar el error. Sin embargo, no todas las culturas comparten esta noción combativa del razonamiento.

    En otras tradiciones, la argumentación puede entenderse como un proceso de armonización o de búsqueda común de la verdad, más que como un campo de batalla. La perspectiva occidental, centrada en la victoria retórica, ha condicionado durante siglos nuestra comprensión del debate público, de la educación y de la política.

    Pese a ello, resulta importante recordar que, junto a su dimensión polémica, la argumentación encierra también una función epistémica, pues permite construir conocimiento compartido, explorar la coherencia de las ideas y alcanzar consensos razonados.

  • PensamientoCritico

    LA ARGUMENTACIÓN COMO PROCESO COMUNICATIVO Y REFLEXIVO (1de9)

    La argumentación constituye un proceso secuencial mediante el cual el pensamiento avanza desde un conjunto de premisas hacia una o varias conclusiones. No se trata simplemente de una operación lógica, sino de un acto comunicativo que articula razón, lenguaje y contexto.

    Argumentar supone, por tanto, un movimiento interactivo: un intercambio de sentido entre sujetos (individuos o grupos), o incluso entre el propio autor y el texto que produce. Esta dimensión dialógica implica que la escritura no es una simple transcripción de ideas previas, sino una práctica consciente en la que el pensamiento se reconfigura mientras se escribe.

    Cuando se asume la escritura como acto reflexivo, cada palabra elegida se convierte en una herramienta de precisión conceptual y expresiva; la selección léxica no es aleatoria, sino un ejercicio de discernimiento que permite matizar, afinar y discriminar entre significados posibles.

    Como señala Walter J. Ong, influyente teórico de la comunicación, filósofo y sacerdote jesuita estadounidense, este tipo de conciencia textual dota a la palabra de una nueva capacidad de discriminación, haciendo del lenguaje un medio de autoconocimiento y de exploración intelectual. En este sentido, argumentar no es solo comunicar una idea, sino también descubrirla a través del proceso mismo de escritura.

  • Seguridad

    DE LAS REDES SOCIALES AL TERRORISMO: EL IMPACTO DE LAS HISTORIAS PERSONALES EN LA RADICALIZACIÓN (III)

    Más allá de los videos propagandísticos y los discursos ideológicos, los grupos extremistas han encontrado en las historias personales una herramienta poderosa para atraer nuevos seguidores. A través de redes sociales, comparten testimonios de individuos que supuestamente han encontrado propósito y comunidad en estas organizaciones. Casos como los de Siti Khadijah en Indonesia y Aqsa Mahmood en el Reino Unido han demostrado cómo estas narrativas pueden ser altamente persuasivas para jóvenes en búsqueda de identidad y sentido de pertenencia.

    El impacto de estos relatos radica en su capacidad de generar empatía y cercanía con la audiencia. Cuando una persona en situación de vulnerabilidad lee o escucha la experiencia de alguien que ha “transformado” su vida al unirse a una causa, es más probable que considere seguir el mismo camino. Las redes sociales amplifican estos mensajes, facilitando su viralización y su llegada a públicos que antes eran inaccesibles para los grupos extremistas.

    Para contrarrestar esta tendencia, es necesario promover narrativas alternativas que ofrezcan opciones de vida positivas y alejadas del extremismo. Historias de reinserción, relatos de víctimas del terrorismo y mensajes de líderes comunitarios pueden jugar un papel clave en desmantelar la seducción de la radicalización. La batalla contra el extremismo en internet no solo se libra con tecnología y regulación, sino también con el poder de contar historias que inspiren esperanza y convivencia.

  • Seguridad

    ¿CÓMO PODEMOS PREVENIR LA RADICALIZACIÓN EN LÍNEA? ESTRATEGIAS EFECTIVAS (II)

    La creciente amenaza de la radicalización en línea ha llevado a gobiernos y empresas tecnológicas a implementar diversas estrategias para frenar la difusión de contenido extremista. Algunas de las principales iniciativas incluyen la eliminación de publicaciones que promueven el terrorismo, el bloqueo de cuentas relacionadas con estos grupos y el desarrollo de algoritmos avanzados para detectar discursos de odio. No obstante, estas medidas han generado debates sobre la libertad de expresión y la necesidad de encontrar un equilibrio entre seguridad y derechos digitales.

    Una de las estrategias más efectivas es la creación de contranarrativas que desmientan las promesas falsas de los grupos extremistas. En lugar de centrarse únicamente en la censura, se han promovido mensajes alternativos que resaltan valores de inclusión, respeto y convivencia pacífica. Además, se han desarrollado programas educativos para fortalecer el pensamiento crítico y evitar que los jóvenes sean manipulados por propaganda digital.

    Es fundamental que la prevención de la radicalización en línea involucre a diversos actores, incluyendo gobiernos, plataformas digitales, comunidades locales y educadores. Solo a través de una cooperación eficaz y una constante adaptación a los cambios tecnológicos será posible frenar el crecimiento del extremismo en internet y garantizar un espacio digital más seguro para todos.

  • Seguridad

    EL PELIGRO DE LA RADICALIZACIÓN EN REDES SOCIALES: CÓMO OPERAN LOS EXTREMISTAS EN INTERNET (I)

    Las redes sociales han revolucionado la comunicación global, permitiendo la interacción en tiempo real y la difusión masiva de información. Sin embargo, también han facilitado la expansión de ideologías extremistas que buscan reclutar adeptos en línea. Grupos como ISIS han perfeccionado el uso de plataformas como Twitter, YouTube y Telegram para atraer seguidores a través de videos impactantes, discursos ideológicos y mensajes emocionales que apelan a las inquietudes de los jóvenes en situaciones de vulnerabilidad.

    Uno de los elementos clave en la estrategia de estos grupos es la creación de una narrativa atractiva que justifique su causa y la presente como heroica. Utilizan una combinación de imágenes poderosas, testimonios personales y la promesa de un propósito superior para convencer a potenciales reclutas. Además, han aprovechado la tecnología de mensajería cifrada y la dark web para operar con mayor seguridad, evitando el rastreo por parte de las autoridades.

    Para combatir este fenómeno, es esencial comprender sus métodos y adaptar las respuestas de los gobiernos y plataformas tecnológicas. La eliminación de contenido radical, el monitoreo de redes sociales y la promoción de mensajes positivos son algunas de las estrategias implementadas. Sin embargo, la lucha contra la radicalización en línea requiere un esfuerzo continuo y coordinado, que combine la educación digital con políticas efectivas para reducir la influencia del extremismo en el ciberespacio.

  • PreguntasIncomodas

    Aprender a preguntar: un pequeño ejercicio de libertad interior

    Hay una forma silenciosa de confusión que no viene de la falta de información, sino de la falta de criterio. Vivimos expuestos a discursos que apelan a lo urgente, a lo emotivo o a lo “incuestionable”, y es fácil terminar aceptando frases bonitas sin haberlas comprendido del todo. En el fondo, muchas veces no nos falta inteligencia: nos falta el hábito de preguntar con calma, de pedir claridad, de distinguir lo que es un hecho de lo que es una interpretación, y de reconocer cuándo una causa noble está siendo usada como atajo para pedir adhesión.

    Por eso quiero presentar un pequeño proyecto paralelo de formación: Preguntas Incómodas. La propuesta es sencilla: recuperar el valor de la pregunta como acto de responsabilidad. El primer cuaderno es general y muy breve: muestra por qué las preguntas son necesarias, señala algunas trampas habituales del lenguaje público y ofrece un checklist reducido de preguntas para ejercitar una mirada más lúcida. No se trata de sospechar de todo, ni de discutir sin descanso, sino de hacer algo más humano y más cristiano: buscar la verdad con paciencia, sin dejarnos arrastrar por el ruido.

    En tiempos de confusión, la claridad no siempre llega por acumular argumentos, sino por aprender a empezar bien. Y empezar bien, muchas veces, significa esto: preguntar mejor.

  • Geopolítica

    WEF: DAVOS Y LA GOBERNANZA SIN URNAS

    El Foro Económico Mundial funciona como un club privado donde las mayores corporaciones y sus aliados políticos y académicos coordinan agendas globales sin control democrático. La membresía, escalonada por cuotas que compran influencia, consolida una jerarquía explícita: quien más paga, más define prioridades. No pretende representar a los ciudadanos; su razón de ser es articular intereses del capital transnacional y envolverlos en un discurso de “cooperación” y “soluciones globales”.

    Su poder no es solo simbólico. Davos opera como centro de afinación estratégica: allí se fijan marcos —“stakeholders”, “resiliencia”, “sostenibilidad”— que luego viajan a gobiernos y organismos internacionales, convertidos en recomendaciones técnicas. Programas como Young Global Leaders siembran cuadros que replican esas lógicas en Estados, empresas y ONGs. Iniciativas bandera —del “Great Reset” a la “Cuarta Revolución Industrial”— proyectan hojas de ruta que, bajo promesas de inclusión y verde, refuerzan plataformas tecnológicas, finanzas y vigilancia, mientras desplazan costes a trabajadores y pymes.

    La clave es la fabricación de consenso: conceptos elásticos que pueden rellenarse con políticas pro-mercado y pro-plataforma, presentadas como inevitables. Así, tras la crisis de 2008 el relato giró a “reconstruir confianza” sin cuestionar la financiarización; en la pandemia, a “reimaginar” el capitalismo sin tocar su arquitectura de poder. La coordinación con OMS, FMI, Banco Mundial u OCDE amplifica esta influencia: lo incubado en Davos reaparece normalizado como estándar internacional.

    Si se busca reequilibrio democrático, el problema no es el foro en sí, sino su pretensión de marcar rumbos globales sin rendición de cuentas. Contrapesos exigirían transparencia radical de financiamiento e interlocutores, participación social real en el diseño de agendas y separación estricta entre lobby corporativo y elaboración de políticas públicas. Mientras no exista ese cortafuegos, Davos seguirá operando como un acelerador de decisiones que afectan a miles de millones… sin pasar por las urnas.

  • Geopolítica

    UIT: EL GOBIERNO INVISIBLE DE LAS COMUNICACIONES

    La Unión Internacional de Telecomunicaciones, UIT, actúa como el gran árbitro de la conectividad global: reparte el espectro radioeléctrico y asigna órbitas satelitales, recursos escasos de los que dependen telefonía, internet, navegación aérea y marítima, observación terrestre y defensa. Su narrativa es la de la cooperación técnica y la inevitabilidad del progreso; su poder real, el de fijar quién puede emitir, con qué tecnología y bajo qué condiciones. En la práctica, decisiones presentadas como “neutrales” moldean la manera en que miles de millones de personas se comunican.

    La gobernanza híbrida —Estados junto a centenares de actores privados y académicos— se resuelve en comisiones altamente técnicas donde quien dispone de músculo financiero y equipos especializados marca la agenda. Aunque muchas resoluciones se llaman “recomendaciones”, operan como normas de facto: la necesidad de interoperar convierte el “soft law” en obligación práctica. Así, estándares y planes de bandas no solo impulsan determinadas tecnologías y proveedores; también dejan en la cuneta alternativas que podrían favorecer autonomía local.

    Las implicaciones geopolíticas son claras. Al definir usos del espectro y corredores orbitales, la UIT influye en capacidades civiles y militares, en la vigilancia, en la resiliencia de infraestructuras críticas y en la balanza de poder entre plataformas centralizadas y soluciones descentralizadas. Bajo programas de inclusión digital y asistencia técnica, se crean dependencias tecnológicas que alinean a países en desarrollo con arquitecturas y equipos de los actores dominantes, reforzando un mapa de control que se decide lejos del escrutinio ciudadano.

    Reequilibrar este ecosistema exigiría transparencia radical en procesos y patentes, salvaguardas de interés público (privacidad por diseño, límites a la concentración), cuotas efectivas para países con menor capacidad técnica, evaluación de impacto social antes de estandarizar y una agenda explícita para interoperabilidad abierta y soluciones distribuidas. Sin estos contrapesos, la UIT seguirá operando como un gobierno tecnocrático invisible: eficiente, sí, pero inclinado a consolidar el poder de quienes ya controlan la infraestructura de nuestro siglo.

  • Publicaciones

    NOVEDADES EN LA TIENDA

    En la tienda podrás encontrar muchas novedades, ya que estoy publicando especialmente los volúmenes de Dinámicas Globales en formato eBook (PDF) y he preparado además las primeras «versiones ampliadas» de algunos de ellos. Seguiré con esta tarea y con la publicación de mucho más material la próxima semana, incluyendo con toda probabilidad el vol.6 de Dinámicas Globales, un comentario crítico de los objetivos de la Agenda 2030.

    Esta semana y la anterior han sido intensas del punto de vista editorial, y me veo en la necesidad de suspender casi por completo la publicación de los posts en este blog. Los reanudaremos en el mes de enero, pero nos dará tiempo a llegar al número 10 de la serie Personajes Clave del Pensamiento Crítico, y ya está disponible la entrega n.12 de Preguntas con Respuestas, en este caso es de descarga libre.

    Encontrarás todas las publicaciones en la web de la tienda, en el menú general he cambiado la configuración para agrupar las familias de productos y en la página genérica de la tienda se presentan por defecto primero los productos más recientes.

  • PensamientoCritico

    SILENCIO, ATENCIÓN Y VERDAD: LOS ANTÍDOTOS CONTRA EL RUIDO

    Frente al caos informativo, la defensa más poderosa no es tecnológica, sino humana. La mente necesita silencio tanto como el cuerpo necesita descanso. Solo en la pausa podemos distinguir entre ruido y señal, entre impacto y sentido.

    Recuperar el silencio no significa aislarse, sino aprender a elegir. Silenciar notificaciones, desconectarse de la inmediatez, buscar fuentes fiables y dedicar tiempo a la comprensión profunda son actos de resistencia en la era de la distracción.

    El ruido busca dominarnos por exceso; el pensamiento crítico responde con atención. En un mundo que compite por nuestra mirada, la verdadera libertad consiste en decidir a qué prestamos atención.

  • PensamientoCritico

    CUANDO TODO IMPORTA LO MISMO, NADA IMPORTA REALMENTE

    La saturación informativa ha borrado las jerarquías del sentido. Un conflicto armado, una receta viral o una polémica de redes sociales ocupan el mismo espacio visual en nuestros muros digitales. El algoritmo no distingue entre lo trascendente y lo trivial; y el usuario, poco a poco, tampoco.

    Esta nivelación de la importancia no amplía la libertad: la disuelve. Al no poder distinguir entre lo relevante y lo accesorio, perdemos la brújula moral que orienta nuestras decisiones colectivas. La democracia no muere de silencio, sino de dispersión.

    La tarea del pensamiento crítico consiste en restaurar la escala de lo importante. No todo merece la misma atención, y saber a qué mirar es hoy un ejercicio de soberanía interior.

  • PensamientoCritico

    EL CANSANCIO COMO HERRAMIENTA POLÍTICA

    La estrategia del ruido no busca que creamos en algo, sino que dejemos de creer en todo. El exceso de información, la contradicción constante y la hiperactividad emocional tienen un efecto calculado: el agotamiento. Cuando cada día trae un nuevo escándalo, una nueva alarma o una polémica efímera, el ciudadano termina por desconectarse.

    Esta fatiga cognitiva es la forma moderna de control social. No hace falta imponer el silencio: basta con inducir el cansancio. Una sociedad saturada de estímulos es una sociedad que ya no exige explicaciones. La indiferencia se convierte en refugio, y la pasividad, en norma.

    Recuperar el sentido exige un gesto de resistencia: detenerse, priorizar, y volver a pensar con calma. En un entorno que premia la reacción, el descanso de la mente se convierte en un acto político.

  • PensamientoCritico

    CUANDO LA VERDAD SE AHOGA EN ABUNDANCIA

    Vivimos en una época en la que la verdad ya no se suprime, se ahoga. La censura moderna no necesita prohibir palabras ni cerrar periódicos; le basta con inundar el espacio público de mensajes triviales, rumores, distracciones y versiones contradictorias. El resultado es un paisaje informativo donde todo parece urgente, pero nada importa del todo.

    El llamado firehose of falsehood, la “manguera de falsedades”, no pretende convencer, sino desorientar. Su objetivo no es sustituir una verdad por una mentira, sino hacer que la verdad se vuelva irreconocible. En medio del ruido, la atención se dispersa y la duda se vuelve costumbre.

    Frente a este fenómeno, el pensamiento crítico no consiste en levantar la voz, sino en aprender a escuchar. En un mundo saturado de datos, la lucidez se mide por la capacidad de discernir lo esencial.

  • Geopolítica

    W3C: CUANDO LOS ESTÁNDARES DICTAN LA POLÍTICA

    El W3C (World Wide Web Consortium) es el arquitecto invisible de la Web: define los lenguajes y protocolos que usamos a diario y, con ellos, las formas en que millones de personas acceden, crean y comparten información. Su imagen de neutralidad técnica y cooperación abierta convive con un hecho incómodo: convertir decisiones políticas sobre comunicación, privacidad y competencia en “estándares” supuestamente apolíticos. En ese tránsito, un puñado de grandes plataformas y élites técnicas fijan el rumbo de la infraestructura digital global.

    La gobernanza por “consenso”, la membresía de pago y el trabajo en grupos altamente especializados elevan barreras de entrada que favorecen a quienes tienen músculo financiero y plantillas de ingenieros. La llamada “soft law” de los estándares termina operando como ley dura: lo que el W3C aprueba se convierte en norma de facto para navegadores, servicios y dispositivos. También pesan incentivos que anclan el statu quo —como políticas de patentes “royalty-free” diseñadas para maximizar adopción por parte de incumbentes— y la coordinación con otros consorcios técnicos que actúan como un gobierno digital sin urnas.

    Las consecuencias se sienten en la capa social: marcos de “privacidad” que legitiman modelos de extracción de datos mediante avisos y cookies; capacidades del navegador (geolocalización, acceso a cámara/micrófono, almacenamiento) desplegadas como mejoras de experiencia, pero útiles para vigilancia y perfiles invasivos; y una preferencia estructural por arquitecturas centralizadas que consolidan plataformas, frente a alternativas descentralizadas que devolverían soberanía a usuarios y comunidades.

    Reequilibrar exige abrir la caja negra: representación real de usuarios y actores públicos, evaluaciones de impacto social y de competencia antes de estandarizar, compatibilidad obligatoria con privacidad por diseño, y una agenda explícita para protocolos descentralizados e interoperabilidad fuerte. Si no, seguiremos confundiendo “técnico” con “neutral”: los estándares continuarán decidiendo, de forma silenciosa, cuestiones que deberían debatirse políticamente.

  • Desinformacion,  Manipulacion

    LA MANIPULACIÓN COMO AMENAZA GLOBAL: UN DESAFÍO PARA LA LIBERTAD (5 de 5)

    En un mundo interconectado, la información fluye sin fronteras, y con ella también la manipulación. Las interferencias extranjeras ya no buscan únicamente modificar elecciones o debilitar gobiernos: pretenden erosionar la confianza que permite la convivencia democrática. Una sociedad que deja de creer en la palabra del otro, o que sospecha sistemáticamente de toda fuente, se vuelve ingobernable desde dentro y vulnerable desde fuera.

    Por eso, la lucha contra la FIMI no es solo una cuestión de seguridad nacional: es una batalla por la libertad interior de las sociedades. Defender el espacio público de la manipulación significa proteger la posibilidad misma del diálogo, la confianza en la verdad compartida y la dignidad de la deliberación política. Cuando la mentira organizada domina el discurso, la libertad deja de ser un valor; se convierte en un recuerdo.

    Frente a ello, necesitamos ciudadanos atentos, instituciones confiables y alianzas internacionales sólidas. En última instancia, la defensa frente a la manipulación no es técnica, sino moral: exige una cultura de la verdad que no tema mirar de frente a la mentira.