• Economía

    MEDIR Y GOBERNAR: DEL PIB A TABLEROS DE LIBERTAD REAL (6 de 6)

    Cuando el foco son las capacidades, las métricas tradicionales se vuelven insuficientes. El crecimiento puede convivir con privaciones decisivas; y promedios nacionales pueden esconder desigualdades estructurales. Por eso, el enfoque inspira mediciones multidimensionales y comparaciones más honestas sobre lo que la gente puede hacer y ser.

    En este terreno ha trabajado con especial claridad Sabina Alkire, insistiendo en que medir bienestar exige mirar dimensiones y también conversiones: no solo “qué hay”, sino “qué permite” en contextos concretos. La pregunta política deja de ser “¿cuánto invertimos?” y pasa a ser “¿qué libertades reales se han expandido, para quién, y con qué barreras todavía presentes?”

    Esto no es solo metodología; es ética aplicada. Y, en la práctica, obliga a vigilar tres trampas: tecnocracia (capacidad como checklist), confusión de medios con fines (acceso como libertad) e invisibilización del poder (quién controla condiciones e incentivos).

    El enfoque funciona mejor cuando se convierte en conversación pública exigente, no en lenguaje decorativo.

  • Futuro,  Sesgos

    SESGOS “OBJETIVOS”: CUANDO EL ALGORITMO DISCRIMINA SIN DECIR TU NOMBRE

    Uno de los riesgos más delicados de los algoritmos de salud no es que fallen, sino que acierten “según sus datos” reproduciendo injusticias antiguas con apariencia científica. Los modelos se entrenan con historiales que ya contienen desigualdades: accesos distintos a tratamientos, diagnósticos tardíos, sesgos profesionales, diferencias socioeconómicas. El resultado es una predicción que no describe sólo biología, sino también la huella social del pasado. Y lo hace con una máscara poderosa: la objetividad matemática.

    El problema se agrava cuando el sistema usa indicadores indirectos —proxies— que parecen neutrales, pero codifican discriminación. Si se utiliza el coste sanitario como señal de “necesidad”, quienes recibieron menos atención por barreras estructurales pueden aparecer como “más sanos” en los datos. De ese modo, el algoritmo puede asignar menos recursos precisamente a quienes más los necesitan, sin mencionar jamás variables sensibles. Es una discriminación sin culpable claro: la decisión se diluye entre diseñadores, proveedores de datos y gestores, y el ciudadano queda frente a un veredicto estadístico difícil de impugnar.

    Aquí la “presunción de inocencia médica” se erosiona por dos vías: primero, porque todos pasan a ser sospechosos de enfermar; segundo, porque algunos quedan sospechosos por pertenecer a entornos vulnerables que el sistema interpreta como riesgo. Se invierte la lógica de la protección social: la vulnerabilidad deja de ser razón para cuidar y se convierte en razón para vigilar, penalizar o restringir. Si el ODS3 busca equidad sanitaria, el criterio crítico es claro: sin transparencia, auditoría y derecho efectivo de apelación, la salud algorítmica puede convertirse en una fábrica automática de desigualdad legitimada.

  • Desinformacion,  Manipulacion

    RESILIENCIA DEMOCRÁTICA FRENTE A LA MANIPULACIÓN EXTRANJERA (4 de 5)

    La respuesta a la FIMI no puede limitarse a castigar culpables ni a borrar contenidos. Requiere una estrategia coordinada que refuerce la transparencia, la educación y la cooperación internacional. En este terreno, la Unión Europea, la OTAN y el G7 han dado pasos importantes: creación de sistemas de alerta temprana, centros de ciberdefensa activos 24/7 y plataformas para compartir inteligencia entre países. Pero ningún protocolo técnico sustituye la necesidad de fortalecer la cultura democrática.

    La transparencia electoral y publicitaria —saber quién paga qué anuncio y con qué dinero— es esencial para evitar que potencias extranjeras financien campañas de forma encubierta. A la vez, la alfabetización mediática debe integrarse en la educación pública: enseñar a los jóvenes a reconocer patrones de manipulación, emociones inducidas y narrativas polarizantes. La defensa no empieza en los ministerios, sino en las aulas, los medios y las conversaciones cotidianas.

    Por último, la colaboración con las plataformas digitales resulta indispensable, aunque debe equilibrarse con el respeto a las libertades civiles. La mejor defensa no es la censura, sino una ciudadanía informada y consciente de su poder como guardiana de la verdad.

  • Libertad

    TRANSPARENCIA Y SUPERVISIÓN ÉTICA

    Una economía digital justa no puede construirse sobre cajas negras. El desarrollo del euro digital y de sistemas de identidad digital requiere algo más que innovación técnica: necesita una supervisión ética clara, independiente y transparente, que garantice que el poder no se concentre en manos de unos pocos y que los abusos sean prevenidos antes de que ocurran.

    Cuando las reglas del juego las escriben los mismos que gestionan la tecnología, el riesgo de arbitrariedad aumenta. ¿Quién decide qué datos se recogen, quién los ve, con qué fines se usan? ¿Quién audita los algoritmos que programan nuestras monedas, bloquean nuestras cuentas o definen nuestras opciones de consumo? La ética no puede ser solo una declaración de intenciones: debe traducirse en estructuras reales de vigilancia democrática.

    Por eso es necesario que existan organismos autónomos, con participación ciudadana y expertos en derechos fundamentales, que auditen el sistema económico digital. Que la transparencia sea no solo un principio técnico, sino una garantía humana. Porque la confianza en la tecnología no se basa en la fe ciega, sino en la certeza de que hay límites, responsabilidades y mecanismos de corrección. La tecnología debe estar al servicio de la verdad y de la justicia, no de intereses ocultos.