La estrategia del ruido no busca que creamos en algo, sino que dejemos de creer en todo. El exceso de información, la contradicción constante y la hiperactividad emocional tienen un efecto calculado: el agotamiento. Cuando cada día trae un nuevo escándalo, una nueva alarma o una polémica efímera, el ciudadano termina por desconectarse.
Esta fatiga cognitiva es la forma moderna de control social. No hace falta imponer el silencio: basta con inducir el cansancio. Una sociedad saturada de estímulos es una sociedad que ya no exige explicaciones. La indiferencia se convierte en refugio, y la pasividad, en norma.
Recuperar el sentido exige un gesto de resistencia: detenerse, priorizar, y volver a pensar con calma. En un entorno que premia la reacción, el descanso de la mente se convierte en un acto político.