• Futuro,  Sociedad,  Tecnología

    ¿QUIÉN DECIDE QUÉ ES “ESTAR SANO” EN LA ERA DEL ALGORITMO?

    Cuando la salud se centraliza y se digitaliza, ocurre algo más profundo que una mejora administrativa: se consolida una definición tecnocrática de salud. Lo que cuenta como “bienestar” empieza a depender menos de preferencias personales, contextos culturales o visiones del mundo, y más de criterios fijados por comités de expertos, protocolos y modelos algorítmicos. Y, en ese giro, comunidades con nociones distintas del bienestar pueden verse empujadas a adoptar el molde biomédico occidental como condición para acceder a servicios o reconocimiento.

    El modelo biomédico ha sido muy eficaz en infecciones, traumas, cirugía o patologías con base biológica clara. Pero cuando se convierte en la única gramática legítima, reduce la salud a parámetros medibles y empuja a segundo plano dimensiones psicológicas, sociales, culturales y espirituales. Una persona puede “dar bien” en indicadores y vivir mal por soledad, estrés o falta de sentido; otra puede convivir con una condición crónica y gozar de bienestar gracias a vínculos sólidos y significado vital. Si el sistema sólo reconoce lo cuantificable, termina confundiendo salud con conformidad biométrica.

    La pregunta crítica para el ODS3 es inevitable: si las definiciones de salud son también valorativas, ¿por qué se delegan como si fueran puramente técnicas? Estandarizar puede ser necesario para gestionar, pero no debería equivaler a imponer una antropología única. Si la sanidad digital decide por defecto qué vida es “normal”, el debate deja de ser médico y pasa a ser democrático.

  • Seguridad

    ¿CÓMO PODEMOS PREVENIR LA RADICALIZACIÓN EN LÍNEA? ESTRATEGIAS EFECTIVAS (II)

    La creciente amenaza de la radicalización en línea ha llevado a gobiernos y empresas tecnológicas a implementar diversas estrategias para frenar la difusión de contenido extremista. Algunas de las principales iniciativas incluyen la eliminación de publicaciones que promueven el terrorismo, el bloqueo de cuentas relacionadas con estos grupos y el desarrollo de algoritmos avanzados para detectar discursos de odio. No obstante, estas medidas han generado debates sobre la libertad de expresión y la necesidad de encontrar un equilibrio entre seguridad y derechos digitales.

    Una de las estrategias más efectivas es la creación de contranarrativas que desmientan las promesas falsas de los grupos extremistas. En lugar de centrarse únicamente en la censura, se han promovido mensajes alternativos que resaltan valores de inclusión, respeto y convivencia pacífica. Además, se han desarrollado programas educativos para fortalecer el pensamiento crítico y evitar que los jóvenes sean manipulados por propaganda digital.

    Es fundamental que la prevención de la radicalización en línea involucre a diversos actores, incluyendo gobiernos, plataformas digitales, comunidades locales y educadores. Solo a través de una cooperación eficaz y una constante adaptación a los cambios tecnológicos será posible frenar el crecimiento del extremismo en internet y garantizar un espacio digital más seguro para todos.