Desde una perspectiva retórica, el modelo de Toulmin permite comprender por qué un argumento resulta convincente para una audiencia determinada: no solo por la validez lógica de sus pasos, sino por la credibilidad del emisor, la pertinencia de las evidencias y la coherencia de las garantías. Desde una perspectiva epistémica, ofrece un marco flexible para analizar la estructura del conocimiento argumentado, especialmente en contextos como el discurso científico, el ensayo académico o la deliberación pública.
En el terreno educativo, la aplicación del modelo de Toulmin ha mostrado ser particularmente útil para enseñar escritura argumentativa, pues ayuda a los estudiantes a distinguir entre los distintos niveles de soporte y justificación de una idea. Asimismo, promueve una actitud crítica, al visibilizar los supuestos implícitos y las posibles refutaciones que toda tesis debe contemplar para sostenerse racionalmente. En definitiva, el modelo argumentativo de Toulmin complementa la lógica de la argumentación inductiva al ofrecer un esquema dinámico y contextualizado de cómo se construye la inferencia en el discurso. Mientras la inducción describe el movimiento desde lo particular hacia lo general, el modelo de Toulmin muestra la arquitectura interna de ese movimiento, especificando las conexiones que lo hacen razonable. Así, argumentar no significa únicamente acumular evidencias, sino organizar la justificación de una conclusión en función de su credibilidad, su respaldo y su apertura a la crítica.
