El Papa León XIV ha publicado su primera encíclica, Magnifica Humanitas, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Sólo el título ya indica la hondura del desafío: no se trata simplemente de valorar una herramienta tecnológica más, sino de preguntarnos qué ocurre con la dignidad, la libertad, el trabajo, la verdad y la convivencia humana cuando la técnica adquiere una presencia cada vez más profunda en nuestra vida cotidiana.
Desde Dinámicas Globales trataremos esta encíclica, sin duda. El tema entra de lleno en varios de nuestros grandes ejes: ética, pensamiento crítico, inteligencia artificial, civilización del amor, transformación tecnológica y defensa de la dignidad humana. Además, el propio texto parece situarse en continuidad con la Doctrina Social de la Iglesia y con la necesidad de discernir los “nuevos asuntos” de nuestro tiempo sin ingenuidad, pero también sin miedo estéril.
Sin embargo, precisamente por su importancia, no quiero correr. Una encíclica no debería leerse como se lee una noticia de actualidad, ni comentarse con la prisa con la que hoy se consume casi todo. Hay textos que exigen tiempo: tiempo para leer, subrayar, comparar, dejar reposar, comprender sus acentos, detectar sus intuiciones principales y también valorar sus posibles implicaciones culturales, sociales y espirituales.
Vivimos en una época que nos empuja a reaccionar de inmediato. Todo parece pedir una opinión instantánea, una valoración rápida, una frase publicable al minuto siguiente. Pero el pensamiento crítico empieza muchas veces justo ahí: en la capacidad de resistir esa presión. No todo lo nuevo debe ser comentado deprisa. Algunas novedades merecen precisamente lo contrario: silencio inicial, lectura atenta y maduración.
Por eso, Magnifica Humanitas tendrá su espacio en Dinámicas Globales, pero no como reacción precipitada. Primero seguiremos con los contenidos ya previstos, especialmente el trabajo en torno al experimento de Milgram y, más adelante, el material sobre transhumanismo, que puede servir como puente natural hacia muchas de las cuestiones que la encíclica plantea. Después llegará el momento de abordar este documento con la profundidad que merece.
Quizá ésta sea ya una primera enseñanza: ante una cultura acelerada, aprender a leer despacio también es una forma de custodiar lo humano.