Futuro,  Poder Global

CUANDO EL HOSPITAL SE VUELVE INQUILINO DE LA PLATAFORMA

La dependencia tecnológica también se fabrica con dinero y contratos. Un hospital que invierte millones en un sistema digital queda atado durante décadas: migrar datos, reentrenar personal y rediseñar procesos es tan caro que el cambio se vuelve casi imposible. Es la lógica de la dependencia del camino: decisiones iniciales —a veces tomadas con información limitada— determinan el futuro de generaciones de pacientes y profesionales.

A esto se suma el modelo de suscripción en la nube. Ya no se compra un software: se alquila un servicio. Y alquilar cambia el poder: actualizaciones impuestas, funcionalidades que aparecen o desaparecen, precios que suben, y una amenaza silenciosa —si dejas de pagar, pierdes acceso no sólo al programa, sino a los datos. La institución pasa de propietaria a arrendataria perpetua, y el proveedor tecnológico se convierte en un actor estructural del sistema sanitario.

El resultado es una captura tecnológica: no sólo técnica, también económica, legal y cultural. Y entonces la retórica del “progreso” funciona como cortina: se habla de conveniencia para el paciente, mientras la arquitectura real prioriza estandarización, control centralizado y extracción de datos. Si el ODS3 busca bienestar, conviene exigir una condición mínima: que la tecnología no sea un candado. Sin portabilidad real, sin competencia efectiva y sin alternativas viables, la sanidad digital puede terminar siendo un monopolio de facto disfrazado de modernización.