Sociedad

POR QUÉ EL DIÁLOGO ENTRE CULTURAS AÚN NO BASTA (3)

Ante la crisis del multiculturalismo, se propuso la interculturalidad: un énfasis en el inter, en el espacio entre culturas donde caben diálogo y cooperación. Aunque esta perspectiva destaca la “convivialidad de las diferencias”, carece de herramientas conceptuales y prácticas para gestionar valores radicalmente conflictivos.

Modelos como el de Zamagni introducen principios valiosos -primacía de la persona, neutralidad imparcial del Estado, tolerancia condicionada- pero siguen anclados a la nación-Estado y dependen de que cada cultura sea internamente reflexiva, algo que rara vez ocurre. Cuando se trasladan a sociedades globalizadas, estos esquemas resultan insuficientes para articular una verdadera esfera pública común.

El obstáculo central es la ausencia de una interfaz relacional que permita transformar la mera coexistencia en reconocimiento mutuo. Las diferencias chocan porque no disponemos de un lenguaje común capaz de traducir las razones últimas de cada tradición sin diluirlas. Sin esa mediación, la interculturalidad corre el riesgo de ser solo un multiculturalismo “amable”, incapaz de resolver tensiones de fondo.

Superar esta fase exige profundizar la reflexividad colectiva: no basta con dialogar; hay que reconstruir los límites entre fe, cultura y esfera pública de modo que cada actor pueda exponer razones comprensibles para los demás. Esa tarea requiere una racionalidad distinta, capaz de operar en y para las relaciones.