• Geopolítica

    TURISMO ANTÁRTICO: LA “PRESENCIA CIVIL” QUE CAMBIA LA POLÍTICA

    El turismo se ha convertido en un factor geopolítico indirecto: no por intenciones militares, sino por volumen, huella y necesidad de regulación. La IAATO reporta y compila datos oficiales de temporada bajo el marco del tratado, incluyendo cifras y estimaciones que muestran crecimiento y diversificación de actividades.

    En un continente donde la legitimidad se apoya en “uso pacífico” y “ciencia”, el turismo introduce una presencia humana masiva que no encaja del todo en la narrativa científica. Eso obliga a más coordinación, más infraestructuras de apoyo, más protocolos de seguridad y más vigilancia ambiental. Y cada capa adicional de gobernanza reabre la pregunta: ¿quién decide qué es aceptable y quién paga el coste de hacerlo cumplir?

    Además, el turismo empuja a una “economía de accesos”: puertos de salida, navieras, seguros, rescates, y reglas operativas que terminan influyendo en qué zonas se visitan y cuáles quedan bajo presión. No hace falta que haya mala fe: basta con que la demanda crezca y el ecosistema regulatorio vaya detrás.

    Quiero aquí subrayar una paradoja: cuanto más “popular” se vuelve la Antártida, más se parece a otros espacios globales donde la actividad civil crea, sin pretenderlo, nuevas disputas políticas sobre límites, capacidades y responsabilidades.

  • Geopolítica

    RIESGO Y CONFIANZA: DE LA “ÉTICA” A LA GOBERNANZA OPERATIVA

    Durante años hablamos de “ética de la IA” como si fuera un debate filosófico. Hoy el centro es más prosaico: gestión del riesgo. El NIST, por ejemplo, publicó su AI Risk Management Framework como marco voluntario para incorporar confiabilidad y evaluación de riesgos a lo largo del ciclo de vida de sistemas de IA. Esto se ha convertido, de facto, en un idioma común para empresas y administraciones.

    En paralelo, aparecen “acuerdos blandos” que buscan ordenar el comportamiento de los actores más avanzados: principios y códigos voluntarios para sistemas avanzados, incluyendo prácticas de evaluación y mitigación. Aunque no sean tratados, crean expectativas, reputación y —con el tiempo— costumbre.

    Europa, por su parte, ha institucionalizado la gobernanza con la creación del AI Office dentro de la Comisión Europea, apuntalando un sistema europeo más centralizado para coordinar implementación y supervisión. El mensaje geopolítico es claro: “no basta con inventar, hay que gobernar”.

    Estamos pasando de la retórica moral a la ingeniería institucional. En ese tránsito, la confianza deja de ser un eslogan y se convierte en un activo estratégico: quien demuestre controlable su IA, tendrá ventaja para desplegarla en sectores críticos, compras públicas y alianzas internacionales.

  • Economía

    MEDIR Y GOBERNAR: DEL PIB A TABLEROS DE LIBERTAD REAL (6 de 6)

    Cuando el foco son las capacidades, las métricas tradicionales se vuelven insuficientes. El crecimiento puede convivir con privaciones decisivas; y promedios nacionales pueden esconder desigualdades estructurales. Por eso, el enfoque inspira mediciones multidimensionales y comparaciones más honestas sobre lo que la gente puede hacer y ser.

    En este terreno ha trabajado con especial claridad Sabina Alkire, insistiendo en que medir bienestar exige mirar dimensiones y también conversiones: no solo “qué hay”, sino “qué permite” en contextos concretos. La pregunta política deja de ser “¿cuánto invertimos?” y pasa a ser “¿qué libertades reales se han expandido, para quién, y con qué barreras todavía presentes?”

    Esto no es solo metodología; es ética aplicada. Y, en la práctica, obliga a vigilar tres trampas: tecnocracia (capacidad como checklist), confusión de medios con fines (acceso como libertad) e invisibilización del poder (quién controla condiciones e incentivos).

    El enfoque funciona mejor cuando se convierte en conversación pública exigente, no en lenguaje decorativo.