• Geopolítica

    OCDE: CONOCIMIENTO “TÉCNICO” Y HEGEMONÍA NEOLIBERAL

    La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) funciona como un club selecto de economías avanzadas que convierte preferencias ideológicas en “mejores prácticas” universales. Su prestigio académico y la liturgia del consenso proyectan neutralidad, pero tras esa fachada actúa un mecanismo de estandarización global: pertenecer (o aspirar a pertenecer) al club induce a gobiernos a alinear sus agendas con el paradigma que la organización legitima —competitividad, liberalización y disciplina fiscal— incluso antes de ser miembros.

    El poder real no está en comunicados públicos sino en engranajes de “soft law”: producción de informes que se presentan como conocimiento superior, sistemas de revisión por pares que ejercen presión política sin coerción formal y redes de expertos que, formados en marcos ortodoxos, retornan a sus países como multiplicadores ideológicos. La financiación y el peso de las grandes economías —con EEUU como mayor contribuyente— orientan prioridades y consolidan una Secretaría intensiva en economistas, donde la liberalización se asume como axioma.

    Ese dispositivo se acopla con otras instituciones, amplificando su alcance: guías, estándares y “policy know-how” viajan con condicionalidades de bancos de desarrollo y planes país, trasladando al Sur global un recetario que no siempre calza con sus estructuras productivas. El resultado político-social es visible: flexibilización laboral, privatización de servicios, austeridad pos-2008 y desregulación financiera que socializaron pérdidas y profundizaron desigualdades, también dentro de varios miembros del propio club.

    En términos geopolíticos, la OCDE opera como centro de persuasión que despolitiza decisiones distributivas, presentándolas como inevitables. Reequilibrar exigiría pluralizar los marcos analíticos, someter sus recomendaciones a evaluación independiente ex post (impacto social y productivo, no solo eficiencia), y dotar de voz efectiva a países no miembros afectados por sus estándares. Mientras eso no ocurra, la organización seguirá siendo una palanca de hegemonía ideológica más que un foro neutral de cooperación para el desarrollo.

  • Geopolítica

    OMC: CONSENSO COERCITIVO Y CAMISA DE FUERZA COMERCIAL

    La OMC se presenta como árbitro neutral del comercio mundial, pero actúa como el brazo jurídico-comercial de un modelo que prioriza la liberalización indiscriminada. Bajo el “consenso”, las potencias con mayor músculo técnico y económico imponen agendas que los países más pequeños apenas pueden resistir sin quedar fuera del sistema. El resultado es una gobernanza donde las reglas —no discriminación, previsibilidad, apertura— se convierten en límites duros al margen de maniobra para políticas industriales, agrícolas y de servicios orientadas al desarrollo nacional.

    El Mecanismo de Solución de Diferencias consolida esta arquitectura: paneles tecnocráticos pueden anular decisiones democráticas en nombre de los acuerdos, y la regla del consenso negativo hace casi automática su adopción. En la práctica, el sistema disciplina a quienes intentan proteger sectores estratégicos o regular servicios esenciales. La asimetría es patente en la agricultura: mientras se exigía a países en desarrollo abrir y desubsidiar, las grandes economías conservaron fuertes apoyos internos por vías compatibles con las normas, inundando mercados y erosionando capacidades productivas locales.

    El AGCS extendió la lógica al terreno de los servicios, empujando privatizaciones y aperturas en telecomunicaciones, agua, educación o salud, con beneficios para grandes operadores transnacionales. Cuando el formato multilateral se atasca (Doha), las potencias migran a acuerdos bilaterales o regionales más presionantes; y cuando los fallos no les convienen, se bloquean órganos clave (parálisis del sistema de apelación), evidenciando que el “multilateralismo” es condicional al interés de los dominantes.

    Reequilibrar exigiría devolver espacio de política: trato especial y diferenciado vinculante (no decorativo), cláusulas de interés público para servicios esenciales, simetría real en disciplinas sobre subsidios agrícolas e industriales, y salvaguardas para estrategias de desarrollo e industrialización tardía. Sin ese giro, la OMC seguirá operando como camisa de fuerza que estandariza la apertura y traslada riqueza y poder de negociación desde el Sur hacia los campeones del comercio global.