Perfil
Entre la formación científica y la reflexión humanística.
Una mirada independiente que busca comprender los fenómenos antes de reducirlos a posiciones prefabricadas.
Punto de partida
Mi formación inicial como químico me enseñó a desconfiar tanto de las afirmaciones sin fundamento como de las respuestas demasiado cómodas.
Con el tiempo incorporé herramientas procedentes del análisis de inteligencia y de la inteligencia competitiva. No para convertir la realidad en un conjunto de datos supuestamente neutros, sino para aprender a distinguir indicios, hipótesis, intereses, incertidumbres y límites del conocimiento disponible.
Ese punto de partida científico se ha ido encontrando con la filosofía, la ética, la política, la geopolítica y la educación. Mi trabajo nace precisamente de ese cruce: los problemas contemporáneos rara vez pertenecen a una sola disciplina, y comprenderlos exige relacionar saberes que normalmente aparecen separados.
Una convicción
El pensamiento crítico no pertenece a una ideología, una profesión ni una élite intelectual.
Todas las personas tienen capacidad para desarrollarlo. Sin embargo, con demasiada frecuencia se llama pensamiento crítico a la habilidad para detectar los errores del adversario mientras permanecemos ciegos ante los propios. Pensar críticamente de verdad exige revisar también aquello que nos resulta familiar, conveniente o identitario.
Por eso he dedicado una parte creciente de mi actividad a divulgar un método de análisis accesible y aplicable a situaciones concretas. El objetivo no es enseñar qué debe pensar alguien, sino ofrecerle instrumentos para observar mejor, formular preguntas más precisas y decidir con mayor autonomía.
